En medio de una nueva oleada de episodios de protestas violentas en Irán, la cobertura mediática occidental ha recurrido de manera intensiva a organizaciones no gubernamentales y centros de análisis presentados como fuentes independientes y especializadas en derechos humanos.
Sus informes, cifras de víctimas y valoraciones políticas han sido reproducidos de forma casi automática por grandes medios internacionales, configurando un relato dominante sobre la situación interna iraní y sus posibles desenlaces.
Una investigación reciente de MintPress News propone detenerse en ese punto ciego del debate. A partir del rastreo de financiamiento, vínculos institucionales y antecedentes políticos, el artículo examina el papel que desempeñan determinadas ONG y think tanks que han ganado centralidad como supuestas autoridades informativas sobre Irán, revelando su conexión directa con estructuras del aparato de política exterior estadounidense, en particular con la Fundación Nacional para la Democracia (NED), históricamente asociada a operaciones de cambio de régimen.
ONG "independientes" y financiamiento encubierto
Uno de los ejes centrales es la identificación de las organizaciones que han funcionado como principales fuentes de información para la prensa occidental durante las protestas en Irán. Estas ONG han ocupado un lugar central en la producción de valoraciones que han definido el encuadre dominante del conflicto en medios como CNN, The New York Times, The Washington Post, The Guardian, ABC News o The Wall Street Journal.
Entre ellas destaca Human Rights Activists in Iran (HRAI) y su brazo mediático, la Human Rights Activists News Agency (HRANA). En las últimas semanas, sus reportes han sido citados de forma reiterada como referencia casi exclusiva para difundir número de víctimas y caracterizar la respuesta del Estado iraní. Según señala MintPress, gran parte de las cifras más elevadas y de los relatos más alarmantes reproducidos por la prensa internacional tienen su origen en estas organizaciones, presentadas sistemáticamente como "independientes y apolíticas".
Sin embargo, la investigación introduce un dato que suele quedar fuera de esas coberturas. HRAI reconoce en su propio sitio web haber recibido financiamiento de la Fundación Nacional para la Democracia (NED), una entidad creada por el Congreso de Estados Unidos y estrechamente vinculada al aparato de política exterior de ese país. Solo en 2024, la NED habría destinado más de 900 mil dólares a esta organización.
Un patrón similar se observa en el caso del Centro Abdorrahman Boroumand para los Derechos Humanos en Irán (ABCHRI), otra de las organizaciones citadas con frecuencia en la cobertura internacional. Aunque el centro no detalla de forma explícita el respaldo financiero de la NED en sus descargos de responsabilidad, la propia fundación lo ha identificado como organización colaboradora y ha reconocido públicamente su apoyo.
"La labor del Centro Abdorrahman Boroumand es un recurso indispensable para que las víctimas busquen justicia y exijan responsabilidades", afirmó Amira Maaty, directora sénior de programas de la NED para Oriente Medio y el Norte de África.
La composición de su junta directiva añade otra capa al entramado. Entre sus miembros figura Francis Fukuyama, exdirector de la NED y editor de su revista Journal of Democracy, una publicación que ha funcionado durante décadas como plataforma intelectual de la política exterior liberal estadounidense.
Más allá de estos casos, MintPress subraya el rol del Centro para los Derechos Humanos en Irán (CHRI), con sede en Nueva York y Washington D. C., como una de las fuentes más citadas para describir episodios particularmente sangrientos.
"Y, sin embargo, al igual que con las demás ONG reseñadas, ninguno de los medios corporativos que citaron al Centro para los Derechos Humanos en Irán mencionó sus estrechos vínculos con el estado de seguridad nacional estadounidense. El CHRI —una organización iraní de derechos humanos con sede en Nueva York y Washington D. C.— fue identificada por el gobierno chino como financiada directamente por la NED.
La afirmación no es nada descabellada, dado que Mehrangiz Kar, miembro de la junta directiva del CHRI, fue becaria Reagan-Fascell para la Democracia en la NED. En 2002, en una gala repleta de estrellas en el Capitolio, la primera dama Laura Bush y el futuro presidente Joe Biden le entregaron a Kar el Premio Anual a la Democracia de la NED".
La NED como infraestructura de cambio de régimen
La NED aparece como una plataforma institucional que canaliza recursos, legitimidad y coordinación política hacia actores de insurrección que luego son presentados como parte de una "sociedad civil independiente". En el caso iraní, esa infraestructura se expresa en una multiplicidad de proyectos simultáneos, orientados a influir sobre la opinión pública y producir insumos informativos que alimentan la cobertura internacional.
Según la propia base de datos de subvenciones de la organización para 2025, actualmente existen al menos 18 proyectos activos vinculados a Irán, cuyos destinatarios y modalidades específicas no son plenamente divulgados. Lo que sí se hace público son descripciones generales de los objetivos.
Entre las iniciativas financiadas se incluyen programas destinados a "empoderar" redes de activistas y exiliados, "promocionar el periodismo independiente", "establecer plataformas mediáticas para influir en el público", "formar líderes estudiantiles", "fomentar la libertad en internet" y "avanzar en el análisis de políticas, el debate y las acciones colectivas sobre la democracia". Otras descripciones hablan de facilitar el debate sobre "modelos de transición del autoritarismo a la democracia" y de "crear conciencia jurídica" dentro de la comunidad legal iraní.
MintPress subraya que el denominador común de estos proyectos es la construcción de una red de actores alineados en torno a una misma narrativa política. Medios, ONG, académicos, líderes estudiantiles y figuras del exilio son integrados en un ecosistema que produce diagnósticos y datos compatibles con los objetivos estratégicos de Washington.
Esta lógica no es nueva. Desde su creación en los años ochenta, la NED ha sido señalada por funcionar como un instrumento de política exterior destinado a promover cambios de régimen bajo el rótulo de promoción democrática. En cuanto a Irán, así como lo ha sido con Venezuela, ese patrón se actualiza mediante un despliegue intensivo de actores no estatales que operan en el terreno simbólico y mediático.
Un escenario distorsionado
El punto de partida de las movilizaciones se ancla en reclamos concretos vinculados al aumento del costo de la vida, una demanda reconocible en cualquier sociedad atravesada por la asfixia económica conducida por Occidente. Pero este escenario inicial ha sido rápidamente reconfigurado por esos mismos actores externos.
A los pocos días de iniciadas las protestas, las consignas y los objetivos comenzaron a desplazarse hacia la exigencia abierta de derrocamiento del gobierno y, en algunos casos, hacia la restauración de la monarquía bajo la figura de Reza Pahlavi, heredero del régimen del sha Mohammad Reza Pahlavi, sostenido históricamente por Estados Unidos tras el golpe de Estado organizado por la CIA contra el gobierno de Mohammad Mossadegh en 1953.
Este giro político lo acompañó una amplificación directa desde actores estatales extranjeros. Figuras centrales del aparato de seguridad estadounidense e israelí expresaron públicamente su respaldo a los manifestantes y alentaron la escalada del conflicto.
Mensajes difundidos desde cuentas oficiales del Mossad llamaron a los iraníes a salir a las calles, asegurando que no solo contaban con apoyo verbal, sino con presencia "sobre el terreno". En la misma línea, declaraciones de Donald Trump y de otros funcionarios estadounidenses reforzaron la idea de una intervención inminente bajo la promesa de “ayuda” y la amenaza de represalias económicas y militares.
"Si Irán dispara y asesina violentamente a manifestantes pacíficos, Estados Unidos acudirá a su rescate… Estamos listos para actuar", afirmó Trump.
En ese contexto, el papel de ONGs y think tanks consiste en producir cifras, diagnósticos y marcos interpretativos que circulan como verdades técnicas en el sistema mediático occidental, contribuyendo a legitimar una lectura del conflicto orientada a justificar una supuesta transición promovida desde la "sociedad civil", normalizando una estrategia de desestabilización política.