Sáb. 05 Abril 2025 Actualizado ayer a las 6:15 pm

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El presidente Donald Trump sostiene un gráfico mientras habla durante un evento de anuncio comercial en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca el 2 de abril de 2025, en Washington, D.C. (Foto: Chip Somodevilla / Getty Images)

Los tres objetivos que Trump pretende lograr con su guerra comercial global

Espera reforzar la soberanía de la cadena de suministro estadounidense, renegociar sus lazos con todos los países para que se distancien de China y dar forma al orden mundial emergente.

La decisión de Trump de imponer aranceles a todo el mundo, en mayor o menor medida a modo de venganza por sus tarifas contra Estados Unidos, ha sacudido la economía mundial hasta la médula. En lugar de restablecer el comercio libre y justo que dice querer —algo que daría ventaja a las empresas estadounidenses—, podría acelerar inadvertidamente las tendencias de regionalización y la consiguiente división del mundo en un conjunto de bloques comerciales. Sin embargo, incluso en ese escenario, podría seguir avanzando en los tres objetivos no declarados que son responsables de esta política.

El primero es reforzar la soberanía de la cadena de suministro estadounidense para eliminar la influencia que otros países tienen sobre ella. Esto podría no perseguirse únicamente porque sí, sino también como plan de contingencia, insinuando la preocupación por una guerra de gran magnitud. Los dos adversarios más probables son China e Irán, y un conflicto caliente con cualquiera de los dos sumiría la economía mundial en el caos. Por lo tanto, es posible que Trump quiera dar prioridad a la deslocalización para que Estados Unidos minimice preventivamente las consecuencias.

El segundo objetivo se basa en el primero y consiste en que Estados Unidos incite a todos los países a renegociar sus lazos bilaterales, ante lo cual podría ofrecer la reducción de los aranceles a cambio de ciertas concesiones. Estas podrían significar distanciarse en cierta medida de China y sustituirla gradualmente por Estados Unidos como principal socio comercial. También podrían ofrecerse otros incentivos, como compartir tecnología y acuerdos militares. El objetivo sería debilitar China reduciendo su comercio exterior.

Y, por último, dar forma al orden mundial emergente, para lo cual Estados Unidos tendría que acelerar el fin del objetivo actual sacudiendo la economía mundial hasta la médula, como acaba de hacer Trump. Lograr la soberanía de la cadena de suministro y reemplazar a China como el principal socio comercial para tantos países como sea posible resultaría en la influencia de Estados Unidos sobre una parte considerable del mundo. Aunque es prematuro especular sobre las formas en que podría explotar esto, es casi seguro que será en el contexto de su rivalidad sistémica con China.

Incluso si la guerra comercial global de Trump impulsara involuntariamente las tendencias de regionalización y la posterior división del mundo en un conjunto de bloques comerciales en lugar de convertirse en el juego de poder sin precedentes que él espera, Estados Unidos aun podría aprovechar esto para implementar su política de "Fortaleza Estados Unidos", referida a que el país restaure su hegemonía unipolar sobre el hemisferio occidental, lo que lo convertiría en estratégicamente autárquico si recibe acceso preferente a los recursos y mercados de estos países.

En ese caso, Estados Unidos sobreviviría e, incluso, podría prosperar, aun y cuando se viera expulsado del hemisferio oriental al perder la gran guerra que podría estar planeando, o si las consecuencias de la misma hicieran que esa parte del mundo fuera demasiado disfuncional para que el país la gestionara. Esto podría llevar a que Estados Unidos volviera a su aislacionismo de los años 1920. Para que quede claro, es poco probable que el Hegemón abandone voluntariamente el hemisferio oriental, pero aun así tendría sentido planificar esa posibilidad por si las circunstancias lo obligan a hacerlo.

En definitiva, la guerra comercial global de Trump es un acontecimiento de época que dejará un impacto duradero en las relaciones internacionales, independientemente de su resultado; sin embargo, es demasiado pronto para decir con seguridad exactamente qué resultará de ella. Lo único que se puede afirmar con certeza es que Trump tiene un gran plan en mente, aunque al final no consiga ninguno de sus objetivos —siendo los tres más probables los que se han tocado en este análisis—. En cualquier caso, la vieja era de la globalización ha terminado, pero queda por ver qué la sustituirá y cuándo.


Andrew Korybko es un analista político estadounidense radicado en Moscú, especializado en la relación habida entre la estrategia de Estados Unidos en Afro-Eurasia, la visión global de China de la Iniciativa de la Franja y la Ruta y las guerras híbridas.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en el blog Andrew Korybko's Newsletter el 3 de abril de 2025 y fue traducido para Misión Verdad por Spoiler.

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