Durante las últimas semanas el sistema cambiario venezolano, tanto en denominación oficial como en la no oficial, ha estado sujeto a un importante patrón de volatilidad. El tipo de cambio entre el bolívar y el dólar estadounidense (USD) ha fluctuado considerablemente, lo que ha distorsionado los sistemas de precios y ha repercutido sobre la inflación en Venezuela.
A modo de resumen, la tasa oficial referida por el Banco Central de Venezuela (BCV), que representa el promedio ponderado de las mesas de cambio bancarias, mantuvo una tendencia al ascenso constante para intentar reducir el diferencial con el mercado paralelo.
Para el primero de diciembre, el tipo de cambio abrió el mes en 247,30 bolívares (bs.)/USD. Al 31 de diciembre de 2025, la tasa rompió la barrera de los 300 y luego registró 301,37 bs./USD el 2 de enero de 2026.
Durante las primeras semanas del año el ritmo de ajuste se intensificó. El 13 de enero se situó en 330,37 bs./USD. Hasta el pasado 27 de enero, el marcador oficial superó los 358 bs., lo que implica un incremento superior a 20% solo en el primer mes del año.
En cuanto a los marcadores no oficiales, el mercado P2P de Binance funcionó como el principal termómetro de la demanda de divisas en el ámbito no oficial, y presentó una volatilidad y precios significativamente superiores al oficial. A principios de diciembre el promedio ya superaba los 360 bs./USDT. A mediados de mes el promedio en plataformas digitales se situaba en torno a los 436,40 bs./USDT.
En enero de 2026 se produjo el pico de brecha, cuando a mediados de ese lapso alcanzó una distorsión extrema. El 13 de enero, mientras el BCV estaba en 330, los precios de venta en Binance marcaron un pico de hasta 608 bs./USDT. En algunos casos se produjeron cifras de 700, 800 y hasta 900 Bs/USDT.
Sin embargo, tras alcanzar máximos históricos, el mercado experimentó una corrección hacia finales de tal lapso. Para el 24 de enero, el marcador Binance P2P se cotizaba en aproximadamente 470,52 Bs/USDT. A mediados de enero se registraron las brechas cambiarias más altas entre el dólar de referencia BCV y el mercado P2P, oscilantes a modo interdía, entre 80, 110 y hasta 200%. Luego de la corrección, la brecha se minimizó hasta 20%.
LOS FACTORES COMPONENTES
Mientras la tasa BCV ha mantenido una tendencia constante al alza, el mercado P2P referido por Binance para el USDT presentó una volatilidad extrema. Es necesario referir que el valor del último incide sobre el precio de las divisas en efectivo en operaciones informales o "en la calle".
La composición de precios en los marcadores no oficiales estuvo claramente influenciada por variables del contexto político. Como es sabido, durante el mes de noviembre el gobierno de Donald Trump desplegó acciones directas de coerción y bloqueo físico de la actividad marítima petrolera, situación que desembocó en el secuestro y robo de embarcaciones, lo cual trajo como consecuencia la interrupción de mecanismos de venta de divisas por parte del BCV mediante el mecanismo de intervenciones cambiarias.
Durante todo diciembre y hasta mediados de enero, no se realizaron acciones de ese tipo, lo que incrementó la "sequía de divisas", la incertidumbre y, en consecuencia, la especulación.
Al producirse la invasión contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro el 3 de enero, aumentaron las variables de incertidumbre, pendulación cambiaria y ausencia en la oferta de divisas, es decir, se consolidó el hábitat ideal para especuladores. La fijación de precios tradicionales en el sistema P2P favoreció tendencias alcistas desproporcionadas cuando no, en muchos casos, inmanejables.
Esto refleja las distorsiones que emanan del ecosistema P2P: un conglomerado pequeño de oferentes y compradores, que no representa la mayoría de las operaciones cotidianas en divisas realizadas en el país, donde los montos de operaciones no se comparan con los de la oferta regular de divisas en las intervenciones cambiarias.
Las distorsiones alentadas por especulación irradiaron fuera de dicho sistema y colateralizaron sus efectos en la economía real. Muchos comercios realizaron ajustes de precios, por lo que se incrementó la inflación.
Sin embargo, en la política venezolana se ha superpuesto ahora una "distensión petrolera" entre los gobiernos de Washington y Caracas, lo cual sugiere un proceso de flexibilización de sanciones coercitivas ilegales. En ese sentido, el gobierno de Venezuela anunció el proceso de colocación de divisas como resultado de la venta de petróleo venezolano a Estados Unidos, mecanismo ejecutado vía BCV y luego mediante bancos nacionales, los cuales serían oferentes de divisas a beneficio de actividades económicas priorizadas como salud, alimentos, insumos de producción, entre otros.
Este elemento permitió la corrección en el sistema cambiario no oficial, lo cual repercutió en distintos marcadores y llevó el diferencial a la baja hasta 20% entre el dólar BCV y el P2P de Binance.
Nuevamente, es apreciable la persistencia de una gran vulnerabilidad estructural en la economía venezolana. Se trata del vínculo de la actividad petrolera —susceptible a bloqueos y turbulento—, con las condiciones variables monetarias.
CUESTIONES DEL CORTO Y MEDIANO PLAZO
La estabilidad del sistema cambiario depende de muchos factores como el flujo de divisas, el mecanismo de colocación, la accesibilidad a las divisas por sectores no priorizados y una formación de precios en el ámbito oficial y no oficial que mitigue las brechas cambiarias.
Una de las grandes dificultades para la construcción de precios en el ámbito no oficial es el grave problema de persistencia de prácticas especulativas sobre el USD, tanto en su expresión física como en versiones digitales. Los agentes en distintas plataformas no oficiales han convertido las divisas en una mercancía en sí misma, y se han beneficiado de la especulación y han cartelizado precios, siempre al alza, aprovechando las limitaciones del mecanismo cambiario oficial.
Otro de los elementos complejos es el patrón psicosocial y económico en el mercado, y el menudeo informal de divisas. Se trata de la tendencia a buscar el marcador más alto, de cualquier plataforma, para trasladar esos valores de referencia hacia el mercado real, bien sea para la compra-venta de billetes o, incluso, para referenciar precios en algunos bienes y servicios en la economía.
Cualquier escenario de estabilización y reducción de brechas cambiarias —y sus consecuencias psicosociales y económicas— será necesariamente posible en marcos de ampliación de la oferta de divisas en el país.
Pero el futuro no es necesariamente incierto. En realidad existen importantes posibilidades de que el surgimiento de una licencia general emitida por Washington, alusiva a las actividades petroleras en Venezuela, permita la regularización de flujos energéticos, lo cual incrementará el acceso a divisas.
Justo ahora la presidenta Delcy Rodríguez ha propuesto al parlamento la discusión de una nueva ley orgánica de hidrocarburos, la cual se perfila como un importante mecanismo de canalización de nuevas inversiones en Venezuela, que serían en moneda extranjera.
Rodríguez también ha indicado que se espera que unos 1 400 millones de USD sean invertidos en actividades petroleras en el país este año, cifra que podría variar considerablemente mediante el surgimiento de nuevos acuerdos de explotación de hidrocarburos, lo cual elevaría el flujo de divisas en el sistema cambiario a expensas de la inversión directa en bienes de capital y otros bienes y servicios.
Existen otras medidas que se consideran pendientes en cuanto a la política monetaria nacional. Una de ellas es la habilitación de transacciones y pagos interbancarios entre entidades nacionales en dólares, lo cual podría reducir la incidencia del uso de plataformas de stablecoins como Binance.
El funcionamiento de las casas de cambio sigue siendo otro elemento diferido, postergación que obedece a la disponibilidad física de divisas en billetes, que existen en la economía, pero que se mantienen atesorados o como medios de pago, en magnitudes insuficientes para un proceso sostenido de compra-venta de moneda.
El contexto cambiario de 2026 podría asemejarse al de 2024, cuando la brecha entre los dólares de referencia oficial y no oficial registró niveles mínimos, entre 5% y 9% de diferencia, rango que propició un sistema de importaciones, oferta de bienes, precios de bienes y servicios y contención de la devaluación manejable.