El devastador doblete sísmico del pasado 24 de junio ha dejado entrever infinitas muestras de solidaridad y resiliencia. La población venezolana y las instituciones públicas rápidamente se movilizaron para socorrer y atender a los afectados por el siniestro. Pero también, con la misma inmediatez, empezaron a circular noticias falsas que tuvieron gran alcance, incluso letales, y provocaron zozobra.
Unos minutos después de los terremotos, en redes digitales y estados de WhatsApp, se publicó un supuesto comunicado de Corpoelec en el que anunciaba corte nacional del servicio eléctrico durante 24 horas. Una revisión de los canales oficiales de la empresa demostró que no había alguna suspensión programada del suministro de energía.
Podían registrarse interrupciones del servicio eléctrico en las zonas afectadas como consecuencia de averías o fallas causadas por los terremotos, pero no hubo suspensión deliberada y programada en todo el país.
De los peores casos, si no el más emblemático de las fakes news por su alcance letal, ocurrió poco después el mismo día: se difundió el "rumor" de un supuesto tsunami que hizo que se suspendieran momentáneamente las labores de rescate, así como el traslado de heridos y afectados, y colapsara la movilidad entre Caracas y La Guaira.
Llegó a circular un video viral, a través de X, de un tsunami que supuestamente habría ocurrido en las costas de La Guaira, pero que en realidad correspondía a un maremoto en Japón en marzo de 2011, después de un terremoto de magnitud 9.0.
Tsunami en La Guaira, Venezuela tras los terremotos ocurridos hoy de 7.1 y 7.5 grados.#Venezuela #Earthquakepic.twitter.com/vIXy0KRq4P
— FC One Football (@FCOneFootball) June 24, 2026
El Servicio Meteorológico Nacional del Sistema de Alerta de Tsunamis de Estados Unidos aseguró en su momento que "no hay alerta, aviso, vigilancia ni amenaza de tsunami".
La cantidad de desinformación a través de las redes digitales ha sido inmensa. Se ha confirmado, por ejemplo, que videos como este del principio, donde un edificio blanco se cae días después del evento sísmico, en realidad se trata de una demolición en Türkiye en 2023.
Organizaciones dedicadas a la caza de fake news han recopilado varios casos donde se han publicado y viralizado videos e imágenes de otros eventos sacados de contexto, sucesos ocurridos en otros lugares y en otros momentos históricos.
"Entre tanto altruismo, entre tanta grandeza que ha demostrado nuestra población, también aparecen los miserables", afirmó al respecto el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, y llamó a no atender falsos bulos y fakes news incluso cuando parezcan muy reales.
"Nosotros no vamos a ocultar absolutamente nada de la magnitud de esta tragedia, que es inmensa, la mayor que hemos sufrido en los últimos 100 años", enfatizó.
La IA como arma
En medio del temor a réplicas, muchos durmieron en colchones y colchonetas en la calle. Esta situación fue aprovechada para proyectar la ausencia del gobierno para atender la coyuntura, a pesar de que se activaron los protocolos de traslado de supervivientes hacia albergues y refugios lejos de las zonas de desastre. Un mensaje de X compartido muchas veces decía: "Otra noche la gente durmiendo en la calle. ¿Dónde están las autoridades?". La publicación tenía una foto adjunta de varias personas durmiendo a la intemperie urbana, pero los detalles (y el propio algoritmo de X) revelaron que se trató de una imagen creada con inteligencia artificial (Gémini, para más detalle).
Otra noche la gente durmiendo en la calle. Dónde están las autoridades? pic.twitter.com/VO8mJlt2Qv
— Ama de casa desesperada (@amadecasa_deses) June 26, 2026
Asimismo, en X y YouTube circularon videos de dos edificios tambaleándose y chocando entre sí antes de derrumbarse. El contenido asociado a los recientes terremotos es falso y fue creado con inteligencia artificial.
Robo y venta de niños
En redes sociales circuló una presunta red de venta de menores desaparecidos tras el terremoto. Según la denuncia del creador de contenido venezolano Smaykel (@smaykeloficial), en la plataforma Vinted se estaban ofreciendo menores desaparecidos. En esa misma línea, otra creadora de contenido desde el exterior afirmó que en el Parque Alí Primera, en el oeste de Caracas, había entre 300 y 400 niños solos.
El Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (Idenna) desmintió por medio de un comunicado que menores de edad fueron entregados a personas desconocidas.
"Ante esto, desmentimos categóricamente las informaciones falsas y malintencionadas sobre el destino de los niños, niñas y adolescentes. Bajo ninguna circunstancia están siendo entregados a personas desconocidas, ni se encuentran desasistidos en centros públicos de salud o refugios habilitados", reza el comunicado.
En este caso, la trata de personas y la explotación infantil, dado que son delitos de extrema gravedad (sin desmeritar el hecho de que son fenómenos estructurales en la sociedad global contemporánea), fueron recursos empleados deliberadamente para promover la indignación colectiva y proyectar la ausencia de un Estado que proteja a los más vulnerables en una situación de extrema crisis como la presente.
Generar sensación de desgobierno
En distintas plataformas digitales se resaltó el tiempo de reacción de las autoridades por no responder de manera inmediata ante el colapso de más de 250 edificaciones, según el último balance. Incluso llegaron a desinformar que los rescatistas internacionales habían llegado primero a las zonas de desastre que las autoridades venezolanas.
Es una realidad inocultable que el impacto de los terremotos también alcanzó a las autoridades locales; instalaciones militares como la Escuela Naval en La Guaira fueron profundamente afectadas. Respecto a este suceso en medio de la catástrofe, ¿cómo ofrecer una respuesta inmediata si bomberos, funcionarios policiales y de Protección Civil del litoral también estaban entre los escombros junto a sus familiares?
Medios internacionales han promovido la imagen de que, ante la falta de gobierno y la limitada presencia del Estado, los familiares de las víctimas y voluntarios tuvieron que organizarse para remover los escombros con sus propias manos. Es cierto que la población civil se ha abocado desde el principio a labores de rescate y asistencia de supervivientes, pero no se debió sino a la desesperación ciudadana y la psicología social propia de eventos desastrosos como este.
La imagen de crisis gubernamental fue atribuida a la burocracia, la ineficiencia connatural y la militarización del Gobierno Bolivariano. Asumieron como un hecho negativo la decisión oficial de restringir el acceso a zonas críticas de La Guaira y no como una forma de organizar el desorden que provocó la movilización descontrolada que dificultaba las labores de rescate y el traslado de heridos, así como la movilización de equipos técnicos y especializados.
La proyección del enemigo y la confrontación
En medios y redes digitales de claro signo antichavista, los efectivos de seguridad y rescatistas venezolanos han sido proyectados no como sujetos del orden público, sino como agentes que imponen trabas para la ayuda e impiden la ayuda humanitaria, tanto internacional como de la propia población.
La movilización desorganizada de civiles hacia el área afectada fue instrumentalizada, a través de portavoces mediáticos y de social media, por personas (políticas) interesadas en crear caos en puntos de control civil y militar.
Se difundieron puestas en escena de provocación y aglomeración en distintos sectores del estado La Guaira que retrasaron distintos niveles de organización y respuesta a la tragedia. Desde plataformas y medios se emitieron mensajes de supuesta indignación y ataques verbales, mientras se buscó instalar la matriz internacional de que "el chavismo intenta bloquear el acceso de la ayuda humanitaria a las zonas devastadas por los terremotos".
Cuando el gobierno militarizó la zona de desastre, se denunciaron supuestos retrasos en la emisión de salvoconductos para los voluntarios que deseaban entrar y ayudar en distintas labores humanitarias. Esto también fue desmentido desde el Poliedro de Caracas, lugar dispuesto para el registro.
En esa búsqueda desesperada de mantener la imagen de que el gobierno impide que se ayude a los afectados por los terremotos, participaron conocidos actores de la oposición. El presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela (FCU-UCV), Miguelángel Suárez, denunció la noche del 29 de junio que funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) detuvieron siete camiones 350, cargados de ayuda humanitaria, provenientes de la Gran Sabana, estado Bolívar.
Supuestamente, la caravana tenía como destino la Universidad Central de Venezuela (UCV) para asistir a los afectados, pero fueron interceptados en la vía. El llamado movimiento estudiantil exigió el respeto a la labor humanitaria y pidió respuestas sobre el paradero de los conductores y los vehículos.
Posteriormente, los transportistas y dueños de camiones desmintieron que los vehículos cargados con donaciones y ayuda humanitaria para los damnificados de los terremotos fueran retenidos por las autoridades y aseguraron que llegaron a su destino.
El presidente de la FCU fue desmentido por un familiar de los que conducían los camiones. Respondió a su publicación en Instagram lo siguiente: "Señores, con toda responsabilidad les digo que los camiones no fueron detenidos, ya se encuentran en Baruta embolsando; para el día de mañana bajarán a La Guaira. Tengo un familiar que va manejando uno de los camiones, no políticos como se hizo en Ciudad Guayana. Por favor, trabajemos en pro del bienestar del pueblo que lo requiere".
La manipulación y las operaciones psicológicas han sido la carta diaria de los sectores extremistas de la oposición, con sus filiales mediáticas como puntas de lanza. Las campañas de descrédito y criminalización que apuntan a la responsabilidad del gobierno en todo tipo de situación irregular no son nuevas y, por supuesto, juegan con el imaginario social a favor de agendas políticas. Hemos visto este tipo de factores en todos los escenarios habidos que han logrado caotizar el espectro de la opinión pública e incluso lo han sabido capitalizar en momentos políticos y electorales.
Pero lo que más se puede resaltar de todo esto es que quienes promueven la narrativa de que la catástrofe actual es responsabilidad del chavismo no están interesados en apuntar a Estados Unidos y su arquitectura imperial de sanciones y bloqueo, que han negado todos los recursos posibles para afrontar una situación como esta, medidas que incluso han tenido consecuencias letales para la población venezolana (y para cualquier otra bajo régimen sancionatorio), no solo en este momento, sino desde hace años, así demostrado por publicaciones científicas y estudios empíricos.
A esto se unen los daños que producen las noticias falsas, los cuales son incalculables. En el presente contexto, han tenido efectos destructivos y profundizan la polarización social en un momento que requiere de unidad nacional para enfrentar los desafíos que impone la realidad.